Los Miserables en Nueva York 2


Los Miserables en Nueva York, parte 2
Por Alejandro Borensztein para Clarín

30/09/12
Treinta dólares por día para moverse por Nueva York no es lo que se merece un funcionario del gobierno que declaró la independencia, restauró la democracia y derrotó a la dictadura.
Pero no había manera de zafar . En junio, la Presidenta había ordenado a todos los miembros del gobierno vender sus dólares al cambio oficial, por lo que los únicos verdes que llevaban los de la comitiva eran los que les autorizó la AFIP.
Algunos ligaron 80 dólares, otros 40 y otros nada. Promedio de la delegación: 33,5 dólares x cabeza y por día . Tristísimo.
Al llegar, la Presidenta se trasladó al Hotel Mandarin y el resto se alojó en un simpático hostel estudiantil en New Jersey , con habitaciones de 6 cuchetas y un baño afuera con agua caliente. Lindo lugar, tranquilito, a sólo una hora y media de Manhattan, y a 15 dólares la noche más 1 dólar la toalla. O sea que a cada uno le quedaban 17,5 verdes diarios para comer, viajar, pasear y comprar alguna cosita para la familia . De entrada, se decidió poner 10 dólares por barba y mandar al embajador Argüello al supermercado porque es el kirchnerista que mejor habla inglés (después de Ella por supuesto). Trajo tres aguas minerales, dos birras, jamón cocido, manteca, pan lactal, 2 kilos de naranjas, flancitos y un cepillo de dientes para Zannini y Scoccimarro que se olvidaron de traer y acordaron compartirlo . Como a cada uno le quedaban 7,5 dólares para la cena, no hubo discusión: Big Mac para todos.
El lunes era la reunión con George Soros, un tipo de 20.000 palos verdes. Hubo un fuerte debate: “¿Y si le mangueamos un par de lucas?” No daba. Si bien alguno pudo manotear unos canapés del catering, la única esperanza nutritiva del día era colarse con la Jefa en la tradicional cena que Obama ofrecería a todos los presidentes. La peor noticia llegó temprano: “Mejor no voy” , dijo ella.
“¿Quién corno se cree que es este tipo para que yo vaya a prestigiarle el evento ? Prefiero quedarme en el hotel, pedirme un pollito con papitas a la habitación y chau” . La delegación entró en pánico. “¿Chau!!??...
¡¡¿¿Cómo que chau??!!
¡¡¿Chau qué??
El viaje de vuelta a New Jersey fue a través del Washington Bridge. Al pasar por el Bronx, paramos y nos colamos en el velorio de un portorriqueño y disimuladamente, nos llevamos en los bolsillos unos chicharrones de cerdo con habichuelas asadas. No alcanzó. Del hambre, los estómagos silbaban el “Nunca Menos” . Al rato, cada uno dormía en su respectiva cucheta.
El martes, la Jefa hablaba en Naciones Unidas. Una vez allá, el ceremonial lo organizaba Perkins, viejo secretario de Cancillería que las vivió todas. Desde el abrazo de Costa Méndez con Fidel Castro durante Malvinas, hasta la compra de peluches para los kelpers por pedido de Di Tella durante el menemismo. En una película, su rol lo haría Michael Caine. De pronto apareció Timerman, que había ido a llevarle flores a la Jefa y volvía con la novedad: “La Presidenta me pidió que organice una reunión con los iraníes. ¿Hay algún asunto pendiente con ellos, Perkins?” . El viejo Perkins lo miró con el hastío de 40 años de carrera diplomática, ya cansado de tantos vaivenes, y le contestó: “ Están acusados de organizar y proteger a los autores del peor atentado de la historia argentina y el más grande del mundo perpetrado contra una institución judía ”. “ No… eso ya lo sé ”, dijo Timerman… “ pero digo… ¿algo grave ?” Perkins lo miró: “ Sólo le aviso que para el judaísmo mañana es el día del Perdón . No creo que sea el momento indicado para anunciarlo”. “Al contrario”, dijo el Canciller. “ Es el día perfecto. No trabajan, ayunan, no pueden escuchar radio, ni hablar por teléfono, ni mirar televisión ¡No se van a enterar! Bingo.
¡Give me a five! ¡I love New York!
" .
El zafarrancho empezó el miércoles. Un par de preguntas por parte de estudiantes de Georgetown y Harvard emputecieron todo . La Presidenta no está acostumbrada a enfrentar el mundo sin red y terminó diciendo cualquier cosa. Harvard fue al prestigio académico presidencial lo que Okinawa a la Armada Imperial Japonesa .
La vuelta fue una pesadilla. En el avión no volaba una mosca… “¡¡Vos y tus universidades del orto!!
” le gritaba la Jefa al embajador Argüello.
“¿Por qué me hacen dar una conferencia de visitante ? ¡¡¿Nadie chequeó las preguntas?? ¿Y los aplaudidores?? ¿Y las banderas? ¿¿Se las olvidaron en Tecnópolis?? ¿¿Dónde estaban lo reidores??¿ ¿Y Boudou??
¡¡Carajo, Mierda!!
¡¡Ya van a ver que cuando vayamos a hablar a la Universidad de Teherán, esto no nos va a pasar!!” Algunos hacían puchero.
El único consuelo de la delegación fue confirmar que la Jefa planea reformar la Constitución y buscar la reelección indefinida . La frase clave fue: “ No es el deseo de esta presidenta que haya una reforma constitucional. No depende de mí ”, o sea que si no es el deseo de ella, bien podría ser el deseo de otros, o de muchos, o de dos tercios . Cuando uno quiere negar algo, lo niega bien clarito y no deja dudas. Cuando uno no lo quiere negar, dice exactamente lo que dijo Ell a. ¿Será porque pretende quedarse para siempre o porque teme aquello que los americanos llaman el efecto del “pato rengo” (perder poder antes de tiempo)? Vaya uno a saber.
La puteada duró toda la noche. Aterrizamos. La presidenta bajó del avión furiosa.
Pateó dos perros antinarcóticos , y pegó un grito: “¡Prepárenme la cadena nacional, ya van a ver lo que es bueno!!” .
Timerman corría detrás de ella. De repente apareció el perro labrador de la AFIP que detecta dólares. El mismo que ya lo había atacado en el viaje de ida porque le olió los verdes que llevaba encanutados en el bolsillo. El Canciller lo miró canchero y confiado porque esta vez no traía nada. Al pasar, le acarició la cabeza y le dijo al oído.
“Esta vez te jodí, perro gorila. Seguro en el 76 ladraste apoyando el golpe. Oligarca. Puto” . Eso fue lo último que se escuchó antes de que otro perro, un Golden Retreiver Progresista, entrenado para detectar impostores , le saltara al cuello desde atrás. La comitiva abandonó al Canciller que luchaba inútilmente con los perros (el otro, el que detecta dólares, se sumó a la paliza mientras le ladraba “¡¡Guau… guau… vos dirigías… guau… el diario La Tarde que apoyó… guau… el golpe del 76… guau guau!!” ). Un grupo de policías apareció para salvarlo. A los pobres perros los molieron a palos y se los llevaron moribundos.
La moraleja es la misma de siempre: el falsoprogresismo, tarde o temprano, te deja de regalo a la peor derecha .

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