El estado del Estado

 http://www.casarosada.gob.ar/elestadodelestado/docs/el_estado_del_estado.pdf

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Cómo se gestó la dictadura


A 40 años del golpe: cómo se gestó la dictadura más anunciada y sangrienta
Los militares empezaron a planificar el derrocamiento de Isabel Perón a mediados de 1975. Los Montoneros y el ERP sabían que en marzo de 1976 iba a suceder y hasta lo deseaban. 

Por Ceferino Reato - Especial para Los Andes

Fue una conspiración a la vista de todos, el golpe de Estado más preparado -y alentado- en la historia del país. Tanto resultó así que los militares aprovecharon los últimos tres meses y medio del gobierno de Isabel Perón para elaborar muy tranquilos las listas de personas que serían detenidas inmediatamente después de que los tanques salieran a la calle.

Muchos de esos detenidos integraron el “conjunto grande de personas que debían morir para ganar la guerra contra la subversión”, según admitió el ex dictador Jorge Rafael Videla un año antes de morir. “Pongamos que eran 7.000 u 8.000. No podíamos fusilarlas. Tampoco podíamos llevarlas ante la Justicia”, completó.

Todas estas revelaciones forman parte de la edición definitiva de mi libro Disposición Final, que incluye testimonios de militares, políticos, sindicalistas, ex guerrilleros y empresarios para describir cómo fue la dictadura por dentro.

Videla no solo fue el jefe del Ejército que dio el golpe, junto con el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti, sino que presidió el país durante cinco años, hasta 1981, cuando fue reemplazado por su aliado, el general Roberto Viola.

Si bien los golpes de Estado eran muy frecuentes desde 1930 y el Ejército se había convertido en un actor político más, el derrocamiento de Isabelita fue apoyado por buena parte de la población.

Así lo recuerda el periodista británico Robert Cox, director del Buenos Aires Herald: “El golpe de 1966 contra el radical Arturo Illia había sido arreglado con la prensa. En 1976, eso no fue necesario: la mayoría de la gente lo esperaba y lo deseaba. Desafortunadamente, muchos argentinos estaban siempre buscando a los militares para que entraran al gobierno, ordenaran el país y dieran luego elecciones.

Pero, pasaba ahora también con gente de izquierda: recuerdo que con mi mujer nos encontramos en una recepción en la embajada de Egipto con un periodista de El Cronista Comercial, que militaba en la izquierda, y con su esposa, que estaba embarazada. Ellos eran jóvenes y confiaban en que un gobierno militar pondría en marcha una represión más legal que el gobierno de Isabel Perón, en el que aparecían cuerpos carbonizados, en zanjones”.

Cox es una leyenda viva de buen periodismo debido, en parte, a su tarea informativa durante la dictadura denunciando las violaciones de los derechos humanos. Él me contó que “todo 1975 se vivió como una tragedia griega, que desembocó en el golpe. Era algo muy impresionante: una tormenta de violencia con amenazas, secuestros, bombas. Era obvio que eso no podía durar mucho tiempo. El gobierno de Isabel era terrible: había también corrupción, inflación, desabastecimiento; faltaba hasta papel higiénico...”.

Un hecho político debe ser analizado también en su contexto histórico. Lo enseñó mejor que nadie Carlos Marx en su libro “El dieciocho brumario de Luis Bonaparte”, donde, al referirse al golpe de Estado del sobrino de Napoleón, en 1851, criticó un análisis de Víctor Hugo: “Parece, en su obra, un rayo que cayó de un cielo sereno; no ve más que un acto de fuerza de un solo individuo”.

El golpe de hace 40 años tampoco fue un rayo caído de un cielo sereno. El cielo no estaba sereno. Pero el relativo consenso que se había formado no era a favor de la dictadura tal como vino después -con la sangrienta represión ilegal-, sino de un golpe más tradicional, clásico, en el que los militares estuvieran poco tiempo en el gobierno, el suficiente para “solucionar” la cuestión de la violencia política, que venía tanto de la izquierda como de la derecha.

Pero ese tipo de golpes -muy comunes en América latina- ya no era posible en nuestro país porque los militares habían adquirido una autonomía tal que se consideraban más capacitados y honestos que los civiles para solucionar de una vez por todas los grandes males de Argentina.

Esa autonomía de los militares reflejaba la crisis del peronismo y de los partidos políticos. Las Fuerzas Armadas habían acumulado un enorme poder en apenas tres años y eso les permitió imponer soluciones autoritarias, de arriba hacia abajo, no apenas en el plano de la lucha contra las guerrillas: pretendían cambiar a toda la sociedad, moldearla como si fuera de plastilina para liberarla de las ‘plagas’ que impedían su desarrollo.

“Nuestro objetivo era disciplinar a una sociedad anarquizada; volverla a sus principios, a sus cauces naturales. Con respecto al peronismo, salir de una visión populista, demagógica, que impregnaba a vastos sectores; con relación a la economía, ir a una economía de mercado, liberal. Un nuevo modelo económico, un cambio bastante radical. Queríamos también disciplinar al sindicalismo y al capitalismo prebendario”, señaló Videla.

Y desplazaron al peronismo cuando quisieron, ni un momento antes, ni un momento después; fue el golpe que menos dependió de los civiles. Tanto resultó así que desairaron a conspicuos miembros del llamado “partido militar”, un grupo informal de políticos y dirigentes que se refugiaban en las periódicas irrupciones de las Fuerzas Armadas para contrarrestar el poderío electoral del radicalismo primero y del peronismo después.

Algunos de esos civiles venían haciendo fuerza desde hacía tiempo para que Videla y compañía desalojaran a la viuda de Perón. Otros tenían una posición contraria; uno de ellos era el patriarca liberal Álvaro Alsogaray.

“Hubo una crítica muy fuerte de Alsogaray, que se había convertido en un detractor del golpe a seis meses de las elecciones. Alsogaray decía que los militares debíamos esperar a que el desgobierno se profundizara aún más para que el peronismo fuera expulsado por el malhumor popular”, señaló Videla.

En su opinión, “no era una situación aguantable: los políticos incitaban; los empresarios también; los diarios predecían el golpe. La Presidente no estaba en condiciones de gobernar, había un enjambre de intereses privados y corporativos que no la dejaban. El gobierno estaba muerto”.

Era un momento político muy especial: los grupos guerrilleros jugaban también al golpe, convencidos de que la toma del poder por los militares haría que los sectores populares se definieran a favor de quienes defendían realmente sus intereses, es decir ellos. En el lenguaje de la época, la clave era “profundizar las contradicciones” con los militares -instrumentos de la oligarquía y el imperialismo- para acelerar la llegada inevitable de la revolución socialista.

Un año después, en 1977, el líder de Montoneros, Mario “Pepe” Firmenich, se encontró por casualidad con Gabriel García Márquez en un vuelo “a diez mil metros de altura y en mitad del océano Atlántico”. Firmenich tenía 28 años y al escritor le impresionó como “un gato enorme”.

Aprovechó para hacerle una entrevista en la que Firmenich le dijo: “Desde octubre de 1975, nosotros sabíamos que se gestaba un golpe militar para marzo del año siguiente. No tratamos de impedirlo porque al fin y al cabo formaba parte de la lucha interna del movimiento peronista. Pero hicimos nuestros cálculos de guerra y nos preparamos para sufrir mil quinientas bajas en el primer año. Si no eran mayores, estaríamos seguros de haber ganado. Pues bien: no han sido mayores. En cambio, la dictadura está agotada, sin salida, y nosotros tenemos un gran prestigio entre las masas y somos una opción segura para el futuro inmediato”.

También los jefes del ERP -un grupo trotskista/guevarista- tenían información precisa sobre cuándo sería el golpe de Estado.

Confiaban en la fuerza militar que aún tenían, tanto que pensaban que el golpe permitiría el “comienzo de un proceso de guerra civil abierta que significa un salto cualitativo en el desarrollo de nuestra lucha revolucionaria”, como escribió su líder, Mario Roberto Santucho, la misma mañana del 24 de marzo de 1976.

En su autobiografía, Enrique Gorriarán Merlo, otro de los jefes del ERP, aseguró: “Habíamos obtenido la información de que el golpe estaba en plena preparación a través de Cacho Perrota, dueño de El Cronista Comercial y miembro del aparato de inteligencia del ERP. El 24 de marzo se produjo el golpe militar; llegamos a la conclusión de que el advenimiento de una dictadura militar iba a conllevar una exacerbación de la resistencia”.

Alimentados por tantas expectativas, los militares iniciaron la conspiración nueve meses antes, según admitió Videla, su principal ejecutor y beneficiario: “La planificación en forma orgánica comienza cuando me convierto en comandante en jefe del Ejército”, el 28 de agosto de 1975. Isabel Perón era presidenta y tuvo que aceptar esa designación luego de una rebelión de los generales.

“Sin embargo, en forma inorgánica, la planificación comenzó un poco antes, cuando asumo como jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas y empiezo a recibir visitas de gente que está interesada en verme”, señaló Videla. Eso fue el 4 de julio de 1975, cuando Videla dio un discurso que atrajo a los civiles que buscaban un militar con quien volver a la Casa Rosada.

En mi libro, Videla, que murió en 2013 a los 87 años condenado a reclusión perpetua por violaciones a los derechos humanos, sostuvo que la fecha del golpe fue decidida a mediados de octubre de 1975.

Cuarenta años atrás, Isabel Perón cayó y muchos argentinos recibieron la noticia con alivio y satisfacción: estaban hartos de su gobierno y de ella; no podían imaginar aquel 24 de marzo soleado y apacible que la dictadura sería mucho peor con su secuela de miles de víctimas, el descalabro económico y la guerra perdida por las Islas Malvinas.





Números verdaderos

El ex general Videla habló de “7.000 u 8.000 personas que debían morir”. Los organismos de derechos humanos y el kirchnerismo sostienen que los detenidos desaparecidos fueron 30 mil.

El último dato oficial publicado es de 2006 y corresponde a la edición revisada del Nunca Más, el informe elaborado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). Esa actualización del primer listado de víctimas ocurrió durante el gobierno de Néstor Kirchner. Según esa fuente, en la última dictadura hubo 6.415 desaparecidos y 743 víctimas de “ejecución sumaria”; en total, 7.158 personas.

Un hecho curioso -que todavía no ha sido explicado por sus impulsores- es que la edición de 2006 del Nunca Más incluye a personas muertas antes de la última dictadura, es decir antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Ese listado parte de 1969, cuando gobernaba el general Onganía, e incluye las dictaduras de los generales Levingston y Lanusse, y los gobiernos constitucionales del peronismo, entre 1973 y 1976.

Es necesario aclarar que el decreto de creación de la Conadep, de 1983, firmado por el presidente Raúl Alfonsín, estableció taxativamente que su tarea consistiría en investigar que había ocurrido con los desaparecidos durante la dictadura de Videla y compañía.

¿Por qué la ampliación de fechas? Diversas fuentes indicaron que, por presión de algunos organismos de derechos humanos, la política del kirchnerismo fue honrar no sólo a las víctimas del terrorismo de Estado sino también a los caídos por la revolución, es decir a todos los que murieron mientras luchaban por el socialismo, sin importar cuándo, dónde o cómo. Los herederos de todos ellos han cobrado la indemnización prevista por ley, que consiste en una suma equivalente a cien veces el sueldo bruto más alto de la administración pública nacional

Todo pudo ser peor


En Argentina existe un espécimen antropomórfico único en el mundo. Un ser que aún en su estadio espermatozoico u ovular, goza de conciencia y memoria suficiente como para entender y más tarde poder opinar sobre eventos que ocurrieron antes de su nacimiento. 
Así podemos leer en las redes a jóvenes de 20 o 30 años opinando como si la historia de la subversión en Argentina iniciara el día en que Videla y sus socios tomaron por la fuerza de las armas un gobierno democrático que se había ido a la banquina y no paraba de derrapar.
Piensan que los terroristas fueron una reacción al totalitarismo de la dictadura militar y no como en realidad fue: todo lo contrario, el origen del conflicto.
Supongo que están esperando que el último de los testigos de aquella vergonzosa era se muera y así poder instalar ese relato de hondas raíces comunistas que glorifica a dictadores como Castro y demoniza a procesos que en definitiva, por más malos que hayan sido, siempre terminaron en una salida democrática.
Para esos super genios divididos entre el troskismo, el stalinismo y el anarquismo más infantil que usted pueda imaginar, los subversivos comenzaron a operar recién con las Juntas Militares en 1976, sostienen que nadie había querido que los militares tomaran el gobierno (aunque haya sido el golpe civico-militar más anunciado  de la historia, con la participación de más de 200 intendentes y gobernadores peronistas y cerca de 700 del radicalismo) y que los delitos cometidos por la subversión fueron simplemente actos patrióticos de una juventud maravillosa. La misma que no dudaba en atacar, en vigencia de la democracia y por la causa, a mujeres, niños y algún político o empresario al que habían secuestrado para sacarle guita.


Sostienen que el Estado en todo su poderío era el único violento y que no se libraba una guerra tal como aceptara el mismo Firmenich tardíamente. No, para ellos los militares cometían abusos violando los Derechos Humanos de manera indiscriminada, aplicando lo aprendido de los asesores franceses que habían operado en Argelia, en cursos pagados por el gobierno de Perón y dictados en la Escuela de las Américas de Panamá. Claro que, como nadie nunca les reclamó a los franceses por las desapariciones y torturas en Argelia, estos pibes intentan hacer sonar el escarmiento in-eternum en los ancianos militares que nos quedan. Ni hablemos de respetar los derechos humanos de la sociedad civil.


La realidad, tal como yo la entiendo, iguala lo malvado de ambos demonios. Montoneros, ERP y la FAR estaban subvencionados por el comunismo internacional con la idea de instalar un régimen como el de Castro en nuestro país. El experimento de Allende ya había fallado para cuando Argentina regresaba a la democracia y el mismísimo Perón prefirió tender a la derecha, aunque los jóvenes revoltosos que querían un experimento populista que le abriera las puertas a la gran URSS lo desafiaran constantemente. Esto en cualquier país se interpreta como traición a la Patria y un atentado hacia un pueblo que jamás había pretendido experimentar el comunismo. Ellos querían entrar por la ventana, sin usar la vía democrática. Y como usted sabrá, la traición a la Patria es un delito que al igual que la desaparición de personas, no prescribe.

 Asesinato de Carlos Prat 1975

Muchos años más tarde con el retorno a la democracia la buena gente de este bendito país pretendió reconstruir la República en un marco de justicia y un sano cambio de página que nos permitiera crecer en el concierto mundial. Pero lamentablemente llegaron quienes necesitaban legitimar su pobre entidad política bajo alguna bandera popular y allí estaban los DDHH esperando que alguien les quisiera pagar los gastos sin preguntar a cuantos habían matado en democracia.
Y como si ésto fuera poco a los del otro bando los juzgamos hasta cuatro veces.
Durante los últimos 12 años el país se sumergió en una verdad a medias escuchando el relato que habían escrito personalidades mucho más afectas al asesinato político, que un militar, mucho más entrenado para matar defendiendo su Patria.
Los familiares de subversivos y los subversivos reciclados ocultos en fachadas de buenos ciudadanos y políticos, comenzaron a negar el período comprendido entre 1973 y 1976, un espacio de democracia donde el gobierno peronista con sus Triple A y Montoneros, ERP y FAR del otro lado, libraron una guerra civil sin uniformes, que cobró vidas de civiles inocentes en la modalidad de daños colaterales.
Es que al no existir una ética de combate con uniformes incluidos, los civiles siempre quedábamos como carne de cañón en medio del fuego cruzado. El terrorista subversivo se sentaba a tu izquierda y te señalaba como objetivo mientras se hacía el inocente mirando para la derecha.
Hoy vemos que han borrado sistemáticamente de la memoria de los jóvenes cualquier referencia al intento de copamiento comunista de nuestro país. No quieren recordar que el mismo gobierno democrático Peronista haya ordenado el "EXTERMINIO" de la amenaza comunista en Tucumán y más tarde en el resto de la República.

 Armando granadas del ERP en 1975

La cuestión es que en el período comprendido entre 1973 y 1976, durante el gobierno democrático de Perón/Perón, yo en lo personal, no podía sentirme tranquilo casi en ningún momento. No podía estar seguro de volver con vida cada vez que salia hacia la escuela o el trabajo. Ni de que una célula terrorista oculta en la fábrica de mi padre no volviera a amenazarme de muerte, o que el ERP no volvería a robarnos el auto a punta de ametralladora dejándolo más tarde abandonado pleno de bombas caza-bobos. Bombas como las que a cada rato explotaban en la ciudad en una escalada de violencia comenzada por las facciones montoneras que se verían complicadas con los ataques a los cuarteles del ejército en Formoza asesinando a pobres colimbas de consigna.
Algunos aseguran que los milicos llegaron cuando había un muerto cada 5 hs y una explosión cada 3 y otros mienten que no fueron recibidos con alegría.

Asesinato de José Ignacio Rucci 1973

En cambio desde 1976 hasta 1983, yo me encontraba dentro del circuito laboral y sin actividades comunistas que pudieran reclamarme. Mis ideas, mi barba tupida y el cabello largo hasta los hombros jamás me generaron el menor inconveniente con las fuerzas de seguridad, salvo el de mostrar mi documento de tanto en tanto en algún retén policial.
Es posible que la gente de trabajo nunca haya vivido un período de mayor seguridad en la calle que ese. Cuesta decirlo. Hasta las mujeres podían caminar solas de noche por la calle con total tranquilidad sin locos , degenerados o drogadictos que pudieran atacarlas. Todo lo contrario a la inseguridad a la que nos arrastrara el populismo narco de los últimos 12 años.
Pero, cómo decirlo sin ser atacado por una jauría de terroristas reciclados y jóvenes de cerebro lavado, dueños del poder y los medios?
Hubo que esperar un gobierno democrático como el actual.
Claro que no es sano analizar las épocas pasadas con la vara del conocimiento actual. Todos somos genios  con el diario del lunes, pero la realidad es que los "Jóvenes idealistas" de los 70  no eran mejores que la patria terrateniente vernácula. Simplemente querían ocupar su lugar como lo demostraron mucho más tarde con la ineptocracia kirchnerista.

 Masacre de Ezeiza 1973

Pero Argentina no es ni será jamás campo fértil para experimentos comunistas. Aún menos en la actualidad cuando el comunismo no es más que una referencia histórica en los libros. Es que su fracaso ya es tan evidente que aunque se haya tratado de reciclar en populismos como el de Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador o Argentina, nadie ha visto yates norteamericanos escapando hacia Cuba y los mismos defensores del modelo se niegan a ir a vivir allí.
Muy por el contrario, el régimen al que querían someter a la Argentina ha expulsado permanentemente a miles de balseros que preferían perecer en el mar a continuar sufriendo en un régimen que reparte pobreza equitativamente entre el pueblo, pero la riqueza sólo entre sus políticos. Cuba en 57 años de historia de revolución nos ha enseñado a multiplicar los pobres para repartir igualitariamente la miseria, dicen, nada más.
Cada 24 de marzo deberíamos recordar que la historia es mucho más compleja que un grupo de abuelas o madres reclamando prebendas en un plaza. Que ese día no sólo comenzó un período negro de nuestra historia, sino que terminó otro que podía haber sido mucho peor. Que cada muerto de antes o después, merece ser considerado como un ser único e irrepetible y que su nombre debe ser honrado. Que no es lo mismo 7.158 nombres registrados por una comisión constitucional, que 30.000 lozas en un paredón perdido en una plaza.  Que la historia puede y debe ser interpretada  considerando la totalidad de los datos disponibles.
Porque no se puede tener memoria de algo que no se ha vivido, excepto que alguien nos lo haya contado, y para eso, necesitamos la historia completa. 
Por suerte hoy los testigos todavía seguimos vivos y con muy buena memoria. 
Pregunten.

Taluego.

"Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda [...] a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos."

Calavera no chilla



Por Alejandro Borensztein

Comienza la octava temporada de esta columna dominical a los 6 días del mes de marzo del año 2016.

Más precisamente en el momento en que, años atrás, se suponía que Ex Ella ya habría iniciado su tercer mandato habilitada por la nueva Constitución de la flamante República Argentina Bolivariana Kirchnerista. Su lucha contra Occidente estaría a pasitos de ganarse, Moreno y Kicillof ya habrían sacado de la pobreza a los últimos rezagados que se resistían a la inclusión, Zannini estaría presidiendo la Corte Suprema, Sabbatella estaría conduciendo Telenoche y Timerman estaría veraneando en las costas iraníes del Mar Caspio. Evidentemente, algo falló.

La realidad es muy distinta. Ex Ella espera con el bolsito la llegada del patrullero, la Constitución sobrevivió, Moreno está abriendo una panchería, Kicillof anda por las plazas haciendo kirchnerismo a la gorra, Zannini acompaña el ajuste que hacen los Kirchner en Santa Cruz por culpa de la pesada herencia que dejaron los Kirchner en Santa Cruz, y a Sabbatella lo limpiaron de la AFSCA con un escobillón y una palita. El único que logró su objetivo es Timerman que ya alquiló carpa y reposeras para él y D’Elía en Ahmadineyad Beach.

Desde que volvió la dictadura hay una nueva mayoría que acompaña adormecida y manipulada por sectores hegemónicos como, por ejemplo, el Majulismo.

Sólo resiste un pequeño grupo de demócratas liderados por el Compañero Máximo, y alentados por el tipo ese de barba candado que anunció por C5N el triunfo de Aníbal Fernández la noche del patapúfete.

¿Tiene alguna chance este intento de resistencia nacional contra el nuevo entreguismo? Muchísimas. Pero no por ahora.

Al momento, la Resistencia enfrenta varios problemas. El primero es que, dado que ya no cuenta ni con caja, ni con cargos, ni con oficinas, ni con choferes, ni con celulares, ni con nada, no tienen más remedio que autoconvocarse por radiollamada y juntarse en plazas, veredas o banquinas. Por lo tanto, sus jornadas de concientización y resistencia, se realizan siempre y cuando no llueva mucho.

Este nuevo kirchnerismo se ha transformado en el primer movimiento emancipador popular y latinoamericano que antes de hacer la revolución tiene que consultar al servicio meteorológico.

El segundo problema es más complicado aún: deben enfrentar al Presidente Macri que está devaluando, ajustando tarifas, bajando la emisión, cerrando el problema con los Buitres y reconciliando a la Argentina con los gobiernos occidentales.

O sea, lo mismo que hubiera intentado hacer el candidato Scioli que perdió, y que ellos mismos votaron hace 5 minutos. De hecho, las primeras medidas económicas fueron mayormente apoyadas por Bein, Blejer, Marangoni y otros asesores del Compañero Lancha.

Quiere decir que, en el fondo, los valientes militantes de la Resistencia se han salvado de tener que combatirse a sí mismos y resistir a su propia dictadura.

Un tercer problema, no menor, es tener que explicar que las medidas oligárquicas que está tomando este gobierno de derecha no tienen nada que ver con las medidas revolucionarias que venía tomando el progresismo K.

Por ejemplo, la devaluación del 35% (6 a 8) que hizo Kicillof después de asumir es muy distinta a la devaluación del 35% (9,8 a 13) que hizo Prat-Gay después de asumir. O que la inflación del 30% que provocó la devaluación de 2014 fue por el bien del pueblo mientras que la del 30% de ahora es para perjudicarlo.

O que arreglar con el Club de París fue para la liberación y arreglar con los Buitres es para la dependencia. Mejor no recordar que la deuda original con el Club de París defaulteada en 2001 era de 1.879 palos verdes. En setiembre de 2008, Ex Ella firmó un decreto para cancelarla por 6.450 palos verdes. Pero a último minuto se arrepintió y recién en 2014 lo mandaron a Kicillof a arreglar. El tipo se puso duro y, de puro macho nomás, les tiró 9.700 millones de dólares en la cara. Un león negociando.

Es obvio que el nuevo protocolo antipiquetes para moler a palos a los que cortan las calles no tiene nada que ver con la ley antiterrorista votada por todo el kirchnerismo sin chistar para moler a palos a los que cortan las calles. Pero ¿cómo explicarlo?

Es tan difícil como protestar por los despidos de los comisarios políticos que el kirchnerismo metió en el Estado justamente para perseguir y despedir a los que no eran kirchneristas.

Ni hablar de este nuevo Stiuso que no tiene nada que ver con aquel Stiuso que durante diez años, al caer la noche, llevaba a Olivos las escuchas fresquitas del día.

Difícil quejarse por la quita de retenciones a la minería cuando se vetó la ley de glaciares para favorecerla, se permitió la minería a cielo abierto y hasta Ex Ella se sacó fotos sonriendo con los capos de la Barrick Gold, cuyos gerentes están tan contaminados que ahora vienen con tres ojos y seis dedos.

Estas cosas y muchas más, han provocado confusión en las filas de la Resistencia como pudo verse durante el discurso del Compañero Mauri en el Congreso. Por ejemplo, la diputada Mazure y el diputado Larroque mostraron un cartelito que decía: “No a los despidos en CN23”. O sea, diputados kirchneristas protestando por despidos en un medio kirchnerista, comprado por un empresario kirchnerista a otro empresario kirchnerista que recibió cientos de millones del gobierno kirchnerista para hacer propaganda a favor del kirchnerismo. Literalmente así.

Larroque y Mazure deberían pegarse el cartelito en el espejo del baño para mirarlo cada mañana, en lugar de tomarles el pelo a los trabajadores despedidos.

Para colmo, en la misma semana Ex Ella fue acusada por Menem de matar a su marido y por Stiuso de matar al fiscal Nisman. En realidad, esto último no sorprendió a nadie. Todos sabemos que en el caso Nisman el gobierno es el mayordomo.

Ahora la Resistencia debe apretar los dientes, bancársela, esperar que a la dictadura le salga todo mal y rezar para que el famoso dicho de Zaninni no se cumpla: “Si Macri hace en el país el 50% de lo que hizo en Boca no volvemos más”.

Es momento de ser paciente. Todavía no pasaron los cien días. Y si miramos bien al nuevo gobierno, algún inútil ya va apareciendo.

Piensen que cuando arrancó el kirchnerismo, allá por 2003, aquel gobierno sólo tenía cuatro o cinco inútiles a la vista. Y terminaron en 2015 con una verdadera epidemia.

Por eso muchachos de la Resistencia, por ahora violín en bolsa y muzzarella. Calavera no chilla.

Es un placer estar de vuelta. Comenzó la temporada.

Fin


Y gracias a Dios este blog ya no es necesario.

Chau y gracias.

El fin de la pesadilla


Apagamos El Propalador aunque sea por un ratito. Lo que nació como un escape a la presión de un gobierno caracterizado por el abuso del poder, la ineptocracia, el kirchnereo y un populismo mentiroso y de derechas, llega a su fin.
Puede que sigamos coleccionando en privado notas de oposición, porque ningún gobierno es perfecto, pero sería triste pensar que podemos volver a llegar a tocar fondo institucional como ha ocurrido en los último ocho años.
Sí, estoy contento porque perdió el kirchnerismo. Suena a revanchista o lo que quieran, pero no jodamos, es un sentimiento puro, natural y habitual. ¿O acaso no celebrás cuando el que te hizo bullying durante años finalmente queda expuesto? Acá nadie podía protegerte del abusador porque era el mismísimo director de la escuela.
Discúlpenme si no me pongo a llorar con ustedes o si no logro quedarme callado la boca, pero me han basureado tanto, pero tanto, que no puedo evitar que se me escape una leve sonrisa. Eso me hará menos cristiano y podrá no quedar muy en línea con el discurso integrado del presidente electo, pero no me digan que no es humano.
Se van a cuarteles de invierno. Puede que en las sombras continúen sus actividades subversivas, pero hoy es momento de festejar.
Festejar sin olvidar que los que se ha enriquecido con el Estado, aún están sueltos. 

Taluego.

Solidarios





Tengo algunos amigos que son kirchneristas y están orgullosos de ello. Otros no tanto. Pero lo que todos te dicen es que si estás en contra de Cristina y a favor de Macri no sos solidario.

Veamos:
La solidaridad del populismo es la de un comunismo light.
Es decir, reparten la pobreza de manera igualitaria entre el pueblo, y la riqueza entre los líderes políticos y sus allegados.
Es como Del Caño, un soldado raso del comunismo vernáculo, que en su spot de campaña proclamaba como la gran solución ética, que todos los políticos ganen como una maestra, no que toda maestra gane tanto como un político.
Nivelar para abajo es lo que hundió a la URSS , a Cuba y está hundiendo a Venezuela.
Por eso los líderes Kirchneristas sólo van de visita a Cuba o Venezuela, pero ninguno se va a radicar allá.
En Europa con sus esquemas de gobierno capitalistas, te sacan mucho más en impuestos que lo que uno pagaba acá. La diferencia es que el aporte va a donde se necesita y no a los bolsillos de exitosas abogadas y sus acólitos.
Si Cristina no fuera la fundadora de la mayor cleptocracia de la historia, nadie tendría nada que reprocharle. Pero ha robado mucho y no ha hecho casi nada.
Hoy ha duplicado la deuda que dejó su marido. De 150.000 millones de dólares que dejó Néstor, pasó a 250.000 , un banco central vacío, ANSES con pagarés que nadie asumirá y un déficit fiscal del 7% del PBI.
Así que querido amigo kirchnerista que compraste las mentiras del Relato, ahora vamos a tener que pagar la fiesta a la que ni vos ni yo fuimos invitados.
Eso no es ser solidario. Es ser tarados.

Historia


Todos, absolutamente todos lo argentinos debemos pensar en una Argentina grande donde se pueda vivir con dignidad.
Por ahí abrís un libro de historia y te enterás que el país no fue fundado por Néstor ni Perón.
Por ahí abrís un libro de historia y descubrís que existieron como nueve presidentes democráticos antes del peronismo.
Por ahí abrís un libro de historia y te enterás de que Irigoyen, Illía y Alfonsín llegaron al poder como se fueron: con lo que tenían.
Por ahí abrís un libro de historia y descubrís que los derechos conquistados por los trabajadores durante los gobiernos de Perón fueron proyectos de un tal Alfredo Palacios.
Por ahí abrís un libro de historia y te enterás de que Alfredo Palacios fue el primer diputado socialista de América Latina.
Por ahí abrís un libro de historia y descubrís que Alicia Moreau de Justo fue la creadora de la ley que otorgó a la mujer el derecho al voto, y que no necesitó ser embalsamada para que la recuerden.
Por ahí abrís un libro de historia y te enterás de que la juventud maravillosa de los 70 estaba compuesta por jóvenes armados que debilitaron al gobierno democrático de Isabel Perón.
Por ahí abrís un libro de historia y descubrís que en el gobierno de Raúl Alfonsín se realizó el Juicio a las Juntas Militares.
Por ahí abrís un libro de historia y te enterás de que las privatizaciones de empresas estatales fueron realizadas por Menem.
Por ahí abrís un libro de historia y descubrís que en 1997 Daniel Scioli era diputado de Menem.
Por ahí abrís un libro de historia y te enterás de que un tal Néstor pretendió vendernos el juicio a los militares como novedad descolgando un cuadrito para ser original.
Por ahí abrís un libro de historia y descubrís que las abogadas exitosas pueden ganar más de 10 millones de dólares siendo presidentes de la nación.
Por ahí abrís un libro de historia y te enterás de que la asignación universal por hijo fue un proyecto presentado por Elisa Carrió.
Por ahí abrís un libro de historia y descubrís que la ley de matrimonio igualitario fue impulsada por Margarita Stolbizer.
Por ahí abrís un libro de historia y te enterás de que el Kirchnerismo está más lejos de la izquierda que el sol de la tierra.
Por ahí abrís un libro de historia y descubrís que en democracia es posible la alternancia.
Por ahí abrís un libro de historia y te enterás…



Elena Trinidad González

Y todavía se preguntan por qué perdieron RDP

http://blogs.perfil.com/relatodelpresente/2015-11-23-4063-y-todavia-se-preguntan-por-que/

Por esas cosas gratificantes que tiene la vida, ayer me tocó cubrir el bunker del Frente para la Victoria. No es que uno sea un sadomasoquista, pero convengamos que no podía imaginar mejor broche de oro para estos años que verle la cara a Scioli al reconocer la derrota, a Karina lagrimeando, a Zannini con cara de flato contenido, y a toda esa manga de vendedores de autos con papeles truchos que venían a representar el cambio de lo que haya que cambiar y la continuidad de lo que haya que continuidar, construyendo de abajo hacia arriba, con fe, con esperanza, con ypeéfe, desendeudamiento y papafrancisco.

Reconozco que cerca de la hora de ingreso se me llenó el upite de preguntas. Sin embargo, el trato ameno y absolutamente respetuoso con el que fui recibido, me relajó bastante. Eso, y el detalle de que Scioli dejó a toda la militancia fuera del bunker. De un Luna Park a un auditorio con cuatro hileras de doce butacas y la muchachada afuera. Sospeché que los números no daban bien sin necesidad de recurrir a ningún boca de urna: los sánguches eran de salame. Luego de recorrer las instalaciones y notar que los turros no prendieron ni el aire acondicionado, me dispuse a disfrutar del desfile de personajes. Alberto Pérez fue el primero en aparecer. Dijo que no había tendencia, pidió un aplauso para la militancia. Aplaudió él y los que lo acompañaban. No le avisaron que el resto éramos periodistas. A la media hora salió Diego Bossio con tres inviables de remera. Dijo que no había tendencia y se fue. Un rato después salió Gustavo Marangoni. Dijo la misma sarasa y se fue. Nos llegaron rumores de que había piñas afuera, pero sólo se trató de un suicida al que no se le ocurrió mejor forma de quitarse la vida que meterse en la Plaza de Mayo a gastar a los kirchneristas. Los números de la Dirección Nacional Electoral se gritaban en voz alta como si se tratara de un bingo y los cargadores portátiles de teléfonos eran más cotizados que un sánguche como la gente.

Mientras empezaba a correrse la voz de que había un dealer de medialunas de manteca en el recinto, nos llegaban las imágenes de la fiesta en el bunker de Cambiemos. Al que parece que también le llegó la imagen fue a Scioli que decidió postergar su salida de las 21.00 horas para las 22.00. Tanta espera, tanto calor, tanto olor a salame para que Scioli aparezca, reconozca la derrota, salude y se vaya. En mi caso particular, valió la pena. No había nada más para hacer y me retiré del lugar esquivando gente que lloraba, gente con chombas naranjas de Lacoste y un periodista al que le pegó duro la última paritaria y se guardaba sanguchitos en la mochila. En la puerta, el auto de Scioli salió arando y frenó de golpe porque el todavía gobernador bonaerense se dispuso a atender a la prensa y repetir lo mismo que ya había dicho minutos antes. Los que no lo vieron fueron los del auto custodia que chocaron entre sí. Definitivamente no era el día de Dani.

En Costa Salguero, Macri insiste con la joda de sacar a bailar a Gabriela Michetti. Afuera del NH, los de Quebracho llegaron para gritar “Patria sí, colonia no” y mientras el turro de Fernando Esteche tuiteaba “Derrotados las pelotas, vamos a frenar la entrega de un modo o de otro”. El demócrata Scioli bajó a saludarlos. Se fueron con su revolución del NH a pasear por Diagonal Sur, donde también me encontré con los pibes de La Cámpora que convirtieron un velorio en una fiesta y cantaban aún llorando. Al grito de “ya van a ver, vamo’ a volver”, desconcentraron la Plaza y en el camino decoraron algunas paredes con frases para que recordemos el notable compromiso con bien común de la Nación, como “Macri prepará el helicóptero”.

Lo triste de mi generación, los que salimos a la vida cívica en el año 2000, es que somos muchos los que no nos sentimos enamorados, políticamente hablando, por nadie y, en algunos casos, lo trasladamos a todos los ámbitos. Todo blanco o todo negro, sin matices. Por eso nos cuesta entender a los que terminan llorando porque perdió el kirchnerismo. Es como si todo aquello en lo que creían se hubiera muerto. La muerte del padre, ése que todo lo protegía, al que podían recurrir para que los cuide mientras pasaban sus vidas puteando a todos los demás.

Nunca voté convencido por nadie –ayer no fue la excepción– pero siempre me sentí convencido de quién no quería que gane, aunque nunca me funcionó. Es así, estimado amigo ya exoficialista: sus victorias siempre fueron gracias a que no había nada mejor en frente, lo cual es demasiado teniendo en cuenta el nivel de estadistas made in La Salada que nos enchufaron como faros políticos de la socialdemocracia del siglo XXI.

Lo que me mata de risa es que con todas las contras que podría tener Mauricio Macri en base a los prejuicios idiotas hacia el que tiene guita, o fue criado en cuna de oro –como si Cristina no durmiera sobre fajos de dólares o los desempleados de sus hijos no hubieran crecido con todos los lujos pagos– y así y todo la gente votó a Macri. Hay gente que cree que se la van a empomar el año que viene y lo eligió igual. Noten lo que han hecho que con todo lo que dijeron, perdieron.
Si la única verdad es la realidad, ésta es tan subjetiva como la percepción que tenga cada uno de ella en base a sus parámetros, educación, traumas y experiencias. El kirchnerismo se construyó como el enemigo de cientos de realidades que crearon, sin importar que muchas de ellas fueran incompatibles, como ese detalle de señalar a los ricos con un Rolex Presidente bailando en la muñeca. Los ejemplos se multiplican hasta el infinito. La última de sus grandes realidades –inaugurada en 2007 por Néstor Kirchner para bancar al perdedor serial Daniel Filmus– es que Macri es el cuco. Y se lo creyeron. Y ganó el cuco. No hay terapia que supere eso, pero bueno: es el problema de los fanatismos.

Fíjense todo lo que han dicho que pasaría si gana Macri y más de la mitad del electorado lo votó igual. Por mi parte no es que esté contento porque ganó Macri, ese es un detalle, si total es cuestión de –poco– tiempo para que empecemos a ser tildados de kirchneristas ante el primer detalle que no nos guste de la gestión. Pero sí estoy contento porque perdió el kirchnerismo. Sí, suena a revanchista o lo que quieran, pero no jodamos, es un sentimiento puro, natural y habitual. ¿O acaso no celebrás cuando el que te hizo bullying durante años finalmente queda expuesto? Acá nadie podía protegerte del abusador porque era el mismísimo director de la escuela.

Ayer, mientras veía las lágrimas afuera del bunker que montó Daniel Scioli, escuché a una romper en llanto y gritar que no entendía porque la gente votaba así. Confieso que me dio un poco de angustia por empatía. Pero a la tercer persona que escuché preguntarse lo mismo –insultos al mundo más, insultos al mundo menos– me di cuenta que realmente creyeron todo. No es que no lo supiera, pero una cosa es una hipótesis, y otra es probarla.

La respuesta es simple y se resume en recordar qué pasó desde octubre de 2011, el pico de éxito del kirchnerismo, para acá. En el mismo discurso de festejo de Cristina, la pudrió cuando, luego de pedir respeto por el derrotado Hermes Binner, dijo que del lado del kirchnerismo estaba la bandera y la historia de la Patria. La siguió en el día de la jura, cuando hizo que su propia hija le colocara la banda presidencial, rompiendo protocolos y dando el mensaje al mundo: Gobierno sóla, sin control y sin que nadie me rompa la ilusión. En nombre del 54% se peleó con todos, incluyendo a los que habían aportado en buena manera a ese 54%: los sindicatos. La economía, los avances sobre la Justicia y las relaciones internacionales son cuestiones políticas, pero en nombre del 54% también se llevaron puesto todo, y cuando no quedaban dudas, la todavía Presi lo confirmó luego de días de silencio tras la muerte de 51 personas y una por nacer, cuando lloró y gritó “Vamos por todo”. Y mierda que cumplió.
Y si se preguntan en serio por qué pasó lo que pasó anoche, la podemos seguir. Porque se pasaron años en silencio sin enterarse que gobernaba el kirchnerismo hasta que decidieron “comprometerse” porque estaba de moda. Porque muchos son militantes de velorio que se sumaron para putearnos porque encontraron la excusa perfecta para canalizar todos sus traumas y frustraciones. Porque en sus locas cabecitas, si no tienen acceso a la vivienda y todavía están esperando que palmen sus viejos para ser dueños de lo que sus padres ya eran propietarios a la misma edad, es culpa del sistema financiero, que controla el Gobierno. Porque se metieron en todos y cada uno de los rincones de nuestras vidas, decidiendo hasta en qué orden tenían que estar los canales de televisión para que sea “más pluralista”. Porque hicieron que por primera vez notáramos la relación directa entre la corrupción del Estado y el daño provocable luego de medio centenar de muertos en un choque ferroviario absolutamente evitable. Porque Boudou, porque Ciccone, porque los Pomar, porque Candela, porque Lorenzino se quería ir, porque las patoteadas de Moreno, porque Micelli, porque el dedito acusador de Kicillof, porque los buitres, porque las cadenas, las eternas cadenas, las imposibles cadenas, porque los llantos televisados, porque la terapia transmitida, porque llorar en silla de ruedas, porque Nisman.

Porque trazaron una raya en el piso, nos colocaron del otro lado y empezaron a putearnos y escupirnos ante la necesidad de culpar a alguien de sus propias miserias nunca tratadas en terapia. Porque hasta hace 15 minutos, en el mismo lado de la raya nos enchufaron a Daniel Scioli, el que manifestó su deseo de ser presidente hace un par de años y lo trataron de golpista, conservador, retrógrado y candidato de Magnetto y de los fondos buitre. Y como hicieron siempre, de un día para el otro dijeron que no era tan así, que era lo más mejor del universo todo.

Porque convirtieron al Gobierno en una máquina generadora de excusas. Que si hay un apagón generalizado por culpa de la desinversión provocada por años de subsidios sin control alguno al sector energético, es que alguien bajó la palanca. Que si hubiera sido sábado, en Once morían menos personas. Que Nisman era putañero y se merecía la violación porque le gustaba salir a la calle de minifalda. Que los padres no biológicos de hijos de desaparecidos merecen ir todos en cana, menos los del nieto de Carlotto, que la culpa de sueños compartidos es de Schoklender y no de los delincuentes que le dieron cabida. Que a una ciudad de La Plata devastada por el agua y la muerte, Cristina les dice que ella sabe lo que es una inundación porque una vez se le rebalsó el lavarropas cuando era chica. Que esto es Harvard y no La Matanza, que siempre fue una exitosa abogada sin matrícula, que Fariña y Elaskar vendieron ficción, que la diabetes es una enfermedad de gente rica, que los abuelos que quieren enseñar a sus nietos el valor del ahorro son unos viejos amarretes, que el mundo se derrumba como una burbuja –porque en el curioso mundo de Cris, las burbujas no explotan, se derrumban–, que dar la cotización del dólar blue es como dar el precio de la cocaína. Que el pacto con Irán no es una claudicación sino la necesidad de tranzar con los sospechados de dinamitar a 85 compatriotas, que todos los que vistieron uniforme en la dictadura son demonios menos el imputado Milani. Que lo importante es tener créditos de 50 cuotas, que pretender seguir consumiendo es de cipayos, que el Ahora 12 es una política de Estado.

Porque a Cristina no le alcanzaba con ser la Presi y tenía que sentirse “un poco la madre de todos”, o ser una arquitecta egipcia, capitana de la patria, reencarnación de Napoleón, contadora sin balances, médica, ingeniera, bioquímica hachedoscero, sabelotodo de todo, habladora sin saber profesional.

Por si todavía siguen sin encontrar la respuesta, paso a lo personal. A lo largo de la década larga ganada me tildaron de facho, cipayo, gorila, golpista, agrogarca que la única tierra que tiene es la que se le junta en los muebles, vendepatria de una patria que nadie querría comprar con nosotros adentro, neoliberal beneficiado por un gobierno que terminó antes de que yo termine la secundaria, cómplice de una dictadura que se acabó cuando yo tenía once meses de vida, fan del nazismo que finiquitó 37 años antes de que naciera y simpatizante del fascismo que pasó a mejor vida unas cuatro décadas antes de que mis padres decidieran que era una buena idea traerme a este mundo. Me acusaron de falta de solidaridad cuando siempre somos nosotros los que salimos a donar lo que no nos sobra para ayudar a la gente que el Gobierno abandona. Los que se sumaron a este blog en los últimos años, es probable que desconozcan el clima que se vivía en el submundo de Internet en la era en la que los grandes medios no lograban adaptarse al juego del kirchnerismo. Nos insultaron mil millones de veces, nos amenazaron otras tantas, nos apretaron y, lo que más duele, nos ningunearon como ciudadanos.

Y yo no soy eso que dicen que soy.

Discúlpenme si no me pongo a llorar con ustedes o si no logro quedarme callado la boca, pero me han basureado tanto, pero tanto, que no puedo evitar que se me escape una leve sonrisa. Eso me hará menos cristiano y podrá no quedar muy en línea con el discurso integrado del presidente electo, pero no me digan que no es humano. Si las tardes de cadena nacional las hubieran dedicado a jugar al fútbol con amigos o a visitar a la familia en vez de pasarlas viéndola desde abajo, si en vez de defender lo indefendible hubieran frenado cinco segundos a preguntarse qué estaban defendiendo, si hubieran dedicado un cachito de sus días para poner las energías en armar algo que los trascienda a ustedes y no en bancar a personas que les decían que los querían mientras se forraban en guita, quizás no habrían vivido la jornada de ayer como si se tratara de un velorio. Ganó uno, perdió otro, reglas de la democracia.

Ahora podría decirse que se viene la revancha de gente como uno. No tengo ganas ni tiempo, dado que en un par de días ya tengo un nuevo Gobierno para empezar a analizar y criticar.

Se van. En unos días nos estaremos puteando por otras cosas, nos mataremos por cuestiones opinables, seguiremos debatiendo todo porque está en nuestra esencia, pero lo haremos con caras nuevas. Y eso… eso ya es motivo de alivio.



Lunes 23 de noviembre de 2015. Se van. Doce años, seis meses y quince días después, se van. Disfrutemos hoy, mañana vemos.
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