El último kirchnerista en pie

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La costurerita de los sacos de billetes dio el mal paso por culpa de un líquido deslizante de dudosa procedencia y, por razones médicas, tuvieron que suspenderle la agenda de la semana que, a grandes rasgos, consistía en rascarse hasta que sangren las yemas.
Por suerte, antes de tomarse la licencia médica, dio las últimas directivas que corresponden a una Jefa de Estado y cagó a pedos por Twitter a Aníbal Fernández por no tener listo el pesebre, cosas que con Parrilli no pasaban. Y después se preguntan cuáles fueron las acciones que llevaron a Parrilli a hacerse cargo de la Secretaría de Inteligencia.
Cristina fue a atenderse al hospital de Río Gallegos, ese por el que se enojó con los medios hace dos meses, cuando nos quejamos porque se usaron tres aviones para llevar a cuatro funcionarios. Para ella, tapamos la realidad de que se inauguró una sala de atención traumatológica general. Así que, dispuesta a taparle la boca a todos aquellos que dicen que no se atiende en hospitales públicos, recibió un diagnóstico a la altura de las instalaciones del nosocomio: tobillo hinchado.
Con ganas de buscar una segunda opinión, se tomó un remise de la Fuerza Aérea hasta Buenos Aires, donde le dijeron que se fracturó, pero nada que no pudiera resolverse con dos días de reposo absoluto y una férula por un par de semanas. Con todo el dolor del alma, tuvo que cancelar su viaje al Vaticano, que estaba programado para dentro de tres semanas, para cuando ya estará en condiciones de correr al baño. Todo por culpa de un líquido deslizante y una llamada del Vaticano para preguntarle “qué parte de no voy a atender políticos argentinos durante 2015 no entendiste”.
En el medio, la monada cada vez más minúscula pasa las fiestas puteando al enemigo por los fracasos y patinadas de la patrona. La superioridad moral de los paladines del dedito acusador no se toma vacaciones ni se permite relajarse por fin de año. El tipo que le vendía las joyas dice que la Presi gasta cerca de un palo verde al año para adornarse como arbolito de Navidad, pero es una opereta de Noticias. El mismo día en que puteó a Clarín por vincular a Máximo con el lavado en los hoteles, la Presi lo pone en el directorio de Hotesur junto a la otra NiNi de sus hijos y a la nuera. Los pibes nos putean a nosotros, pobres boludos que laburamos un 24 de diciembre a la tarde, por tirar mierda, aunque la fuente es el Boletín Oficial de la Nación. El Indec informa que la deuda externa creció 12 mil millones de dólares en un trimestre y nos tiran por la cabeza que este Gobierno desendeudó al país. En una jornada en la que aprovecharon que todos estábamos en otra, el Indec también dijo que la mitad de los laburantes cobra menos de 5 mil pesos, cuando la línea de la pobreza está en 5.6 mil. Afirmamos que la mitad de los laburantes son pobres, pero somos una mierda porque “no es tan así” dado que el trabajo dignifica. Los muertos de hambre más dignos del planeta.
Cuando Guy Sorman escribió “El mundo es mi tribu”, analizó cien mil diferencias entre los distintos lugares que visitó y, algunos, en los que vivió –entre ellos, la Argentina– para finalizar en una conclusión maravillosa: la cantidad de similitudes entre pueblos y culturas que nos parecen absolutamente distintas. Obviamente, Sorman se fue del país mucho tiempo antes de que surgiera ese sujeto difícil de dimensionar al que llamamos kirchnerista. Por suerte, porque su increíble labor antropológica social habría sido descartada de plano, o se hubiera revoleado por la ventana ante la aparición del sujeto que cree en la meta final de un país inclusivo en el que todos los que quieran vivir mejor de lo que ellos se imaginan que se puede vivir –o tan sólo como ellos– son considerados sujetos a agredir.

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El kirchnerista promedio no tiene humor. Su resentimiento, propio de saberse cornudo y, al mismo tiempo, sentir el deber de negar los cuernos bajo amenaza de ser expulsado de la tribu, le ha anulado la posiblidad de reírse de sí. Incapaz de sentir empatía por el otro, basa su pirámide de administración ideal en tres estandartes: inclusión social, derechos humanos y trabajo, siempre y cuando sea para otro. La realidad dicta que los pobres son las mascotas de El Modelo, a los que se les tira un hueso a cambio de que sacrifiquen la libertad de disponer de sus vidas, que la mitad de los laburantes no llegan a fin de mes, y que los Derechos Humanos quedaron embarazados luego de que Cristina obligara a deglutir el sapo del General Milani, pero todo es debatible.
Capaz de abandonar a miembros de la tribu que quedaron en un estrato espiritual que suponen menor –como el hermano que putea porque no tiene acceso al crédito hipotecario cuando Néstor nos devolvió la dignidad, o el mismísimo padre que llora la jubilación de mierda y no se da cuenta de que lanzamos un satélite–, su aldea es cada vez más pequeña y, por consiguiente, mucho más ínfima su cosmovisión.
La pequeñez de su grupo de referencia –los pocos que quedaron en el gallinero – lo ha llevado a la endogamia social. Con el número de partidarios cada vez más chico, el tema de relacionarse con pares está cada vez más complicado, por lo que, al igual que con la descendencia incestuosa de las cortes imperiales, la capacidad de discernimiento y comprensión de la realidad ya está a la altura de un autralopithecus falopeado.
Antes celebraba que se podía comprar un plasma en 50 cuotas para el mundial de Sudáfrica y que le daba para comprarse un autito a pagar a los ponchazos. Hoy, con el auto más barato arriba de las 120 lucas, celebra que puede comprarse una camisa en doce cuotas, sólo de jueves a domingo, en una promoción que termina el 31 de diciembre. Pero la economía no está tan mal y, si bien la tecnología ya nos dio televisores Ultra HD 4K y 3D, su plasma de hace dos mundiales lo terminó de pagar en septiembre de este año.
Aún reivindica la Patria Grande, pero sin los narcos colombianos, los pungas peruanos, los chorros bolivianos, los estafadores uruguayos y los brasileros que aún no les dijeron qué se siente tener en la casa de un pentacampeón al papá bicampeón. Putea cuando el dólar ilegal sube tres pesos, celebra cuando se “desploma” 20 centavos y lo vuelve a llamar blue.
Todavía no entendió por qué sigue alquilando o viviendo en la casa paterna, cuando sus viejos, laburantes, fueron dueños de esa misma casa antes de cumplir los 30, pero se siente Nobel de Economía al explicarnos que la crisis automotriz es culpa de los brasileros y que está todo bien porque los chinos nos dieron unos dólares, como si alguien regalara algo en el mundo de la política internacional.
Buchón y alcahuete –como corresponde a su naturaleza– anda de cacería por las redes sociales señalando al enemigo y a los que escriben notas contra Cristina, como si no estuvieran adosadas con nuestras firmas en las denuncias presentadas en Comodoro Py y como si, gracias a los últimos 35 documentos de identidad de Randazzo, no supieran dónde vivimos.
Se pasó los últimos 11 años puteando a Scioli, pero si gana será un triunfo del Frente para la Victoria. Por las dudas, ya practica viéndolo al Gobernador cómo defiende a Menem en el programa de Mirtha Legrand. Que suba Randazzo en las encuestas lo enamora: no es lo mismo un ex secretario de turismo de Duhalde que un ex secretario de Duhalde y Ruckauf.
Los que se avivaron y pudieron, obtuvieron el pase a planta permanente a tiempo. Otros, ya están jugando para otro candidato con chances de garantizarles el reciclaje. Algunos entendieron que cuando prenden las luces se acabó el baile y ahora intentan esa extraña aventura de ganarse el mango en la calle.
Por una cuestión de selección natural, quedaron afuera los peores, los incapaces, los que no se dan cuenta que sólo el Capitán se hunde con el barco y, en este caso, el Capitán y sus oficiales ya están a salvo y buscando playas para tomar sol.

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Tuvieron la chance, la vieron venir y no les importó. Se hicieron kirchneristas por sentir que pertenecían a algo y lo hicieron tarde, cuando los que fundaron el kirchnerismo ya eran parte del grupo de denunciantes.
Mientras tanto, se prende en el juego de Cristina de exigir a los que no comulgan con el kirchnerismo, qué pensamos hacer con los logros obtenidos por la mejor gestión de la historia de la Vía Lactea, como si nosotros fuéramos candidatos a algo. Ya no nos recuerdan cómo estaba el país en los ´90 para que no lloremos de nostalgia. Prefieren pegarle al 2001 sin detenerse a pensar que la revuelta fue hecha por laburantes de a pie, pobres y jubilados, y no por monotributistas estatales que se quedaron sin contrato.
Nos corren con que en un año estaremos todos muertos de Sida, sin fútbol, sin aviones y sin industria, como si en este país la plata la pusiera Cristina de su bolsillo. Por eso festeja que nos llevamos “cada vez mejor” con China: porque allí llaman capitalismo a la explotación de los laburantes por parte de una minoría multimillonaria amiga del poder, cuando no forma parte del mismo.
Prefieren meternos miedo. Pero es el miedo que tienen ellos. Nosotros, que en unos meses podremos decir que sobrevivimos a 12 años de kirchnerismo, no podemos temerle a nada. 12 años en los que empezamos gritando en soledad, 12 años en los que nos apretaron con carpetazos, mails, amenazas y escraches a nosotros y a terceros inocentes. 12 años en los que no lograron meter un plan de créditos para la vivienda del laburante, en los que el 100% de la población fue víctima de la inseguridad directa o indirectamente, en los que nos sacaron más de la mitad de nuestros ingresos en impuestos suecos para financiar servicios subsaharianos, en los que nos corrieron con el dedito de la moral mientras se afanaban todo.
Pero, como siempre ocurre, el que quiere meter miedo sólo busca contagiarlo. Los que medianamente salimos gateando de la década ganada, lo hacemos a pesar del kirchnerismo, y no gracias a él.
No creo que le tengan miedo al poskirchnerismo por no saber de qué van a disfrazarse, porque la capacidad de mimetismo es como andar en bicicleta: nunca se pierde. Si juraron no votar nunca al peronismo y terminaron siendo los últimos kirchneristas tras el apocalipsis, tranquilamente pueden readaptarse. El miedo es a perder ese espacio de pertenencia, ese club en el que, por una vez, creyeron en algo superior a ellos y en el que sentían que eran parte. Y si bien sabían que era todo mentira, todo termina como cuando esa mina que te volaba la cabeza te dice la verdad. Lo sabías, pero preferías que te mintiera un cachito más. Porque es preferible una fantasía que hace feliz que hacer el esfuerzo de ser feliz en la realidad.
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Martes 30 de diciembre de 2014. A todos los que pasan por aquí de vez en cuando y los que lo hacen a diario, sólo tengo palabras de agradecimiento. Espero que hayan tenido un 2014 mejor que el pasado, pero no tanto como el que viene. Y si bien en estas fiestas siempre nos ponemos pelotudos, llorones, sensibleros o nos hacemos los que nada nos importa, no se olviden que a todos nos falta alguien, pero todos tenemos a alguien.
Muchas felicidades y nos leemos en unos días, resaca y kilos de más mediante.
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