Se fue el General y soltaron los lobos


Mi recuerdo sobre la muerte de Perón arranca al mediodía. El timbre de salida del Colegio Carlos Pellegrini tocaba 12.05, o sea que serían las 13 hs cuando yo estaba arriba del 102, por la calle Paraná rumbo a mi casa. Esa horita que había en el medio, la pasábamos fumando y tomando un cafecito en el bar de la esquina, que era lo que solíamos hacer todos los líderes revolucionarios con 15 años cumplidos.
Llegué tipo 13.30 y encontré a mi viejo frente al televisor. Los tiempos calzan perfecto porque a las 14.00 horas Isabelita anunciaba por cadena nacional la muerte de Perón. Puchereaba. A su lado estaba López Rega y detrás, el resto del gabinete. Una síntesis del porvenir.
Creo que fue ese mismo día, o al día siguiente, que nos juntamos en la puerta del Pellegrini para marchar hacia el velorio, en el Congreso. Yo nunca fui peronista, pero no me quería perder el momento histórico. La vida era pura política. Había iniciado la secundaria con Levingston/Lanusse. Por entonces, el rector te esperaba en la puerta del colegio y te revisaba la nuca para ver si la distancia entre el pelo y el cuello de la camisa era la apropiada. Si no, te mandaba a la peluquería. No voy a dar el nombre para no avergonzar a sus descendientes. De ahí, pasamos directamente al Tío Cámpora, con la JP al frente del rectorado. Un flash.
La política fue el eje de nuestra adolescencia. Casi tanto como las minas. De hecho, si no leías a Cortázar, Benedetti o Galeano, no te levantabas ninguna. Todos teníamos brazos finitos y hombros angostos. No había ni gimnasios, ni deportes, ni nada. Pectorales y bíceps ya habían sido desterrados en el Mayo francés. El único de la división con aspecto atlético, traía un bolso con raquetas cuando todavía nadie jugaba al tenis. Un exótico fuera de época. Podría haber ganado Wimbledon y aun así, las minas no le hubieran dado ni cinco de pelota. Pensábamos que los piolas éramos nosotros. Hoy ese muchacho debe ser el único de la camada que no está tomando la pastilla para el colesterol.
La cuestión es que la columna de estudiantes marchó hacia el Congreso por la calle Paraguay hasta Paseo Colón para luego incorporarse a una cola interminable que seguía hasta la Plaza de Mayo, subía por Avenida de Mayo y terminaba en la capilla ardiente.
Llovía y hacía un frío de la hostia. Por suerte la cola avanzaba rápido: desde la puerta del Pellegrini a la puerta del Congreso le pusimos… dos días!!!
Por el frío, el hambre y otras calamidades, la columna del colegio se fue diezmando y cuando llegamos a Plaza del Congreso, habían desertado hasta los peronistas. Sólo quedábamos cuatro: mi amigo Claudio, yo, y dos chicas con las cuales caminábamos abrazados, no por calentura adolescente, sino porque estábamos helados y mojados hasta los huesos. Nos tapábamos con diarios que íbamos comprando por el camino.
El diario Noticias de Bona- sso, Walsh, Gelman y Verbitsky y que rápidamente Isabel y López Rega clausuraron. El diario Crónica de García que también lo cerraron al toque, y el diario La Opinión de Timerman (el padre de su eminencia reverendísima) que también sería clausurado.
A la altura de Paraná y Rivadavia vi pasar el 102 y pensé: “¿Qué hago yo acá, cagándome de frío de esta manera, desde hace dos días, si ni siquiera soy peronista?” Calculando que todavía nos faltaban unas 6 horas más de cola, decidimos abandonar.
Los cuatro nos juramentamos que nunca confesaríamos aquella claudicación. Cuarenta años después, he decidido romper el juramento. Ya era hora. Tampoco fue una mentira tan grave. Al lado de lo de Boudou, es una pelotudez.
Lo curioso es que todo esto sucedió mientras se jugaba el Mundial de Alemania 74. Aquella Argentina de Perfumo, Brindisi, Quique Wolf, Yazalde y el ratón Ayala entre otros, arrancó perdiendo contra Polonia, empató con Italia y, después de golear a Haití, pasó milagrosamente a la segunda fase que se jugaba por grupos. Allí nos golearon los holandeses 4 a 0, nos ganó Brasil 2 a 1 (el nuestro fue un golazo de Brindisi de tiro libre) y terminamos jugando el famoso partido fantasma contra Alemania Oriental. Digo fantasma, no sólo porque el duelo nacional impidió la transmisión y jamás se vio ni el partido ni los goles ni nada, sino porque encima jugamos contra un país que ya no existe más.
En aquel Mundial los alemanes jugaban con dos equipos: Alemania Occidental (capitalista) y Alemania Oriental (comunista), que en realidad se llamaba Alemania Democrática (rara manera de llamar a un país cuyos habitantes, para poder irse de viaje, primero tenían que dejarse fusilar).
Si bien el Mundial lo terminó ganando Alemania Occidental, en la primera fase de grupos las dos Alemanias se enfrentaron y ganaron los comunistas por 1 a 0 con gol de Sparwasser. Los hinchas se volvieron a sus casas tras la Cortina en viejos bondis custodiados por la Stasi, felices y cantándole a los occidentales: “Mirá, mirá mirá, sacale una foto, se van en el BM con el culo roto”. Dicen que los occidentales cantaban: “Bolche, decime qué se siente, detrás del muro de Berlín”… pero no hay pruebas. Así era el mundo cuando se fue Perón.
Acá, en la Argentina, se vino la noche. En mi casa también. A mi papá lo echaron de la tele y a mí me cerraron el colegio.
Con Perón muerto, López Rega y sus muchachos intervinieron todos los canales de televisión y mi viejo fue inmediatamente prohibido.
También intervinieron la Universidad de Buenos Aires, decretaron asueto administrativo y la cerraron hasta fin de año. Por ende, el Pellegrini que dependía de la UBA, cayó en la volteada.
El interventor que Isabel y el brujo pusieron en la UBA se llamaba Alberto Ottalagano. Sólo para tener una idea del personaje, el tipo había escrito un libro que se llamaba: “Soy fascista, ¿y qué?” La tapa del libro era él mismo saludando con el brazo derecho extendido. Posta.
Pronto aparecieron los primeros Falcon verde sin chapa y el país se transformó en el campo de entrenamiento de lo que estaba por venir. Las bandas parapoliciales salieron a la calle. ¿Estaban esperando la venia de Perón o simplemente su muerte? Nunca lo sabremos.
Una preguntita: ¿Por qué todavía nadie le tocó el timbre a Isabel Perón en Madrid para darle el diploma por haber inaugurado el terrorismo de Estado en la Argentina?
El 1° de julio de 1974 se fue el General. Y soltaron los lobos.
http://www.clarin.com/opinion/General-soltaron-lobos_0_1169883036.html

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