El desendeudamiento, otro relato más


El desendeudamiento, otro relato más
Por Jorge Lanata
31/08/13
En 2001, cuando Argentina entró en default, la deuda pública era de 144.212 millones de dólares. Después del canje de deuda de 2005 se redujo a 129.227 millones. Hoy supera los 240.000 millones. Si es cierto que los gobiernos se definen por la herencia que dejan, valdría la pena preguntarse qué fue del desendeudamiento.
El 15 de diciembre de 2005 Néstor Kirchner anunció, en un acto en el Salón Blanco de la Casa Rosada, el pago adelantado de la deuda con el FMI. “Estamos, con este pago, sepultando buena parte de un ominoso pasado, el del endeudamiento infinito y el ajuste eterno”, dijo entonces.
El 26 de enero de 2010, en el Parque Municipal de Villa Albertina, Lomas de Zamora, Cristina afirmó: “Quieren que el canje de la deuda fracase para volver a endeudarnos con una tasa de dos dígitos, nos quieren acogotar e imponernos una política de hambre”.
El 16 de abril del mismo año la Presidenta le dijo a la agencia Bloomberg respecto del canje: “Esta es una segunda oportunidad, y ellos no la tendrían que perder porque el mismo tren no partirá de la estación una tercera vez”.
Aunque el 9 de julio de este año, en Tucumán, insistió con el desendeudamiento, el tren volvió a partir el pasado 26 de agosto: Cristina definió a su gestión como un gobierno de “pagadores seriales”, y anuncio la tercera reapertura del canje de deuda para el 7% de los acreedores que no entraron en los acuerdos anteriores.
Su último discurso tuvo un tono apocalíptico: anunció tres medidas. La primera de ellas era pedirle a Dios que ilumine a la Corte norteamericana. Los especialistas en reestructuración de deuda coinciden en afirmar que el gobierno llega tarde: si paga los 1.330 millones de dólares a los fondos buitres (el 0,45% de los acreedores que quedan) se enfrenta en poco tiempo a tener que pagarle al resto del 7%, l o que sumaría unos 20.000 millones, cuando las reservas del país están por debajo de los 37.000. La otra medida anunciada por Cristina después de la plegaria, mudar los pagos a Buenos Aires para evitar los embargos, aumentó aún más la desconfianza en el exterior: es como ir a un partido y cuando el resultado empieza a ser adverso, llevarse la pelota. “La Presidenta no dejó ninguna duda sobre la única razón de este plan: evadir la jurisdicción de los tribunales de los Estados Unidos”, alegó Paul Singer, representante de los holdouts ante la Corte Suprema. La actitud argentina había pasado de las palabras a los hechos: “Ni un centavo a los buitres”, había dicho Cristina el 26 de octubre de 2012. “Jamás vamos a pagarle a los buitres”, ratificó Lorenzino cuatro días después. “Hay sectores que no se bancan el éxito del desendeudamiento”.
La historia quedó trabada: si paga, la deuda se multiplica con los holdout restantes y, si no paga, el país entra en default; cualquiera de las dos soluciones son un nuevo problema.
“El último dato oficial –resume Ismael Bermúdez– del 31 de diciembre, habla de 197.464 millones de dólares de deuda pública. Pero ese cálculo que hace el Ministerio de Economía no incluye la deuda que ingresó al canje –con el 7% de los bonistas– más los intereses (se calcula que estaría cerca de los 20.000 millones de dólares), lo que falta pagar del cupón PBI (18.000 millones de dólares), más los intereses de la deuda con el Club de París que no se pagan desde 2001, unos 5.000 millones. La deuda pública supera hoy los 240.000 millones, cifra que equivale a más del 50% del PBI calculado a dólar oficial”.
Como todo esto se trata de matemáticas y dos más dos puede ser cinco, Cristina afirmó en su último discurso que debemos sólo un 10% del PBI.
El Gobierno que se enorgullecía de habernos desendeudado ahora se presenta como pagador serial, pero tampoco alcanza: Argentina pagó deuda pero no lo hizo con dólares propios, de los que carecía, sino que tomó dólares prestados del Banco Central. “Le pagó al Fondo Monetario pero le quedó debiendo al Banco Central un aproximado de 68.000 millones –sigue Bermúdez–, por lo tanto la deuda no disminuyó, sino que cambió de acreedor. También se endeudó con la ANSeS, que absorbió los bonos que estaban en manos de las AFJP con la estatización del sistema, y con el Banco Nación, sumando más de 32.000 millones de dólares de deuda ”.
Fanático de la contabilidad creativa, el Gobierno no toma como deuda aquella que provino de otros organismos del Estado. ¿Eso significa que nunca va a pagarla? Los dólares del Central respaldan a los pesos que tenemos en el bolsillo: el cepo cambiario es la consecuencia más concreta de esa afirmación. ¿Dije en algún lugar que los gobiernos se definen por lo que dejan? Querría terminar repitiendo eso.
Investigación: JL / María Eugenia Duffard / Amelia Cole

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