Los sordos del 8 N / Alejandro Borensztein


Los sordos del 8 N
Por Alejandro Borensztein para Clarín

10/11/12
“ Kirchnerismo es nunca tener que decir perdón” dijo el gorila de Ryan O‘Neal en la película Love Story , según difaman los manipulados por las corporaciones, las embajadas occidentales y Majul, entre otros. ¿Habrá sido esa la frase que le susurró Ali MacGraw en su agonía?
Del otro lado, refutan diciendo que la verdadera frase que escuchó y repitió el Compañero O’Neal fue: “Gorilismo es nunca tener que decir Perón”.
Estos dos núcleos duros de la sociedad basan sus principios en aquellas supuestas frases. En el medio, millones de argentinos deambulan en busca de un futuro mejor, o al menos de una cuadrilla de Edenor .
El Gobierno proclama haber llegado para transformar la Argentina y modificar su matriz, en una gesta épica y revolucionaria sin precedentes. Eso dicen ellos. Se ve que el equipo de producción del kirchnerismo no consiguió ni el teléfono de Camilo Cienfuegos, ni el del Che, ni el de Fidel, ni el de ningún revolucionario serio, así que la gesta épica revolucionaria por ahora la van a hacer con Boudou, Insfrán y Timerman. Es lo que hay. Cada uno hace la revolución con lo que puede.
Del otro lado, hay un sector menor que piensa que el kirchnerismo es la suma de todos los miedos. El demonio personificado. El espanto propiamente dicho.
Una mezcla horrible entre el Bebe de Rosemary, Alien y Orlando Barone . Allá ellos.
En ese contexto se organizó este famoso 8N. Originalmente, la convocatoria se hizo desde las redes sociales con las limitaciones del caso: no todos tienen computadora e Internet. Pero el Gobierno Nacional, que siempre piensa en todos y todas, puso sus mejores cuadros a disposición para que la marcha fuera un éxito.
Arrancó una semanita antes con el “Cuervo” Larroque insultando a buena parte del arco político democrático al grito de “Narcosocialistas”, empujando a la calle a muchos sectores progresistas del país que tomaban la marcha con simpática distancia, y planeaban verla en casa por televisión. Luego el gobierno le sacó el bozal a D’Elía para que despliegue su habitual poética de amor, paz y judaísmo . El lunes se le sumó el diputado Feletti cuando dijo que “no vamos a permitir que al que le sobre un peso lo convierta en dólares”, agregándole a la marcha una buena cucharada de clase media, aspirantes a viajar, estudiar o trabajar en el exterior y ahorristas varios. El martes le siguió Randazzo diciendo que los delegados ferroviarios que pararon eran unos “energúmenos”, garantizándole al 8N una buena cuota de participación obrera. Ese mismo martes fue la Presidenta quien pensó que a la marcha le hacía falta un poquito más de punch y dijo: “hablemos con la verdad, si no les gusta el Gobierno por los derechos humanos que lo digan … y si no te gusta el Gobierno porque antes contratabas por dos mangos a un pobre y ahora no podés, decilo también”. Ese era el bocadillo justo que necesitaban escuchar los que se irritan por el falso progresismo kirchnerista , para salir a comprar banderas y dejarse libre el jueves a la noche. Y el miércoles la remató De Vido cuando, luego de los apagones, dijo que “alguien bajó la palanca”, haciéndose el sota del zafarrancho energético en el que estamos metidos. Conclusión, entre todos lograron que, aquello que el Gobierno decía que iba a ser una pequeña marcha de fachos gorilas y golpistas, terminó siendo la manifestación popular más grande que se ha visto desde el comienzo de la democracia.
Al día siguiente, el viernes 9, la Presidenta de la Nación habló frente a ministros, intendentes y cámaras de televisión, y dijo que en las últimas 72 horas habían ocurrido dos hechos históricos: el martes la democracia americana reeligió a Obama con 60 millones de votos, y el jueves la democracia china eligió al nuevo presidente Xi Jinping en el Comité Permanente del Buró Político del PC Chino. Arrasó. Lo votaron los 9 miembros.
La única alusión a la protesta del día anterior fue enumerar todas las cosas que hizo hasta ahora, y explicar que ella no tiene la culpa de que no haya un proyecto alternativo ni un partido que ofrezca algo distinto. El mismo argumento de siempre que después repite toda la tropa: “Al que no le guste nuestro proyecto, que proponga un proyecto alternativo, arme una fuerza política para llevarlo adelante, se presente a elecciones y las gane”. Que joder.
Yo adoro este gobierno . Me encanta y además me viene fenómeno. Hacen quilombo, meten la pata, hay mucho histrionismo y tienen suficientes bribones en la cueva. En fin, está buenísimo.
Si tuviéramos un gobierno serio y amargo, en esta página pondrían la Claringrilla . Sin embargo hay algunas cositas (pocas pero hay) que no me gustan. Apenas, una nadita, pero me enfrentan a un dilema. Explico.
No me gusta hablar de mí, pero voy a sintetizar mi agenda. Lunes, soy arquitecto y paso el día en el estudio con mis socios. Martes, me dedico de lleno a mis asuntos como productor de televisión. Miércoles, ejerzo mi rol como presidente de CAPIT (Cámara Argentina de Productoras Independientes de Televisión). Jueves, ocupo con lealtad y patriotismo la vicepresidencia del Consejo Económico y Social de Buenos Aires. Viernes, escribo esta página (hasta que pongan la Claringrilla) y el sábado saco a pasear a mi mujer con las perritas y los chicos.
Sólo me quedaría libre el domingo para armar un proyecto alternativo , un partido político, presentarme a elecciones y ganarlas, pero se me complica un poquito porque domingo por medio voy a la Bombonera.
¿Eso quiere decir que no puedo protestar y exigir cambios si creo que algo no está bien? ¿Me corresponde a mí hacer una propuesta para que tengamos algún tren decente y alguna autopista después de 10 años de bonanza?
¿Debo esperar a que llegue otro gobierno si huelo que el Vice anda flojito de papeles?
¿No es válido reclamar y pedir ser escuchado si veo que hay presiones a la Justicia, extorsiones económicas a gobernadores e intendentes, manipulación de los medios públicos, abusos de poder, o negación de temas básicos como inflación o inseguridad?
Si uno no quiere o no sabe escuchar, todo tiende a distorsionarse . Por suerte ya falta menos para el 7D y pronto se terminarán los problemas. A partir del 8D comenzará la reconstrucción y haremos todo lo que no se pudo hacer en estos 9 años por culpa de Tenembaum y Zlotogwiazda.
En el final de Love Story , el personaje de Ali MacGraw se muere. En la agonía, le susurra a su amado Ryan O´Neal: “amar es nunca tener que decir perdón”. Alguien debió avisarle que el tipo era medio sordo.

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