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No Cash, no Hope, no Jobs


Una vez le preguntaron a Buda qué era lo que más le sorprendía de la humanidad; y respondió:

Los hombres que pierden la salud para juntar dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud, y por pensar ansiosamente en el futuro, olvidan el presente de tal forma que acaban por no vivir ni el presente ni el futuro; viven como si nunca fuesen a morir y mueren como si nunca hubieran vivido.

La sociedad moderna está reglada por el mercado. Macanudo. Por algo se llama sociedad de consumo y está regida por corporaciones encumbradas en los gobiernos.
Si uno consume hasta lo que no necesita por obra y magia del señor mercado se convierte en un buen ciudadano. Si usted desea ahorrar algo guardándolo en el colchón, será tratado como Bin Laden mientras era tirado en el océano (¿habrá sido verdad?) por sacar de circulación dinero que podría ser utilizado para empréstitos varios. Incluso será castigado por una herramienta no tan moderna que se viene usando a modo de plazo fijo por quienes manejan la industria para generar la sensación de urgencia consumista: la inflación. 
"Comprá antes que salga más caro y aunque no lo necesites"
Con semejante panorama no resulta extraño que los líderes y motores que impulsan dicha sociedad sean simples mercaderes de la industria del consumo y las cuentas de colores.
Ahora que Steve Jobs ya se encuentra descansando de su lucha y sin desear faltar el respeto a su memoria puedo decir con mucha más certeza que el señor era un gran mercader. Nada que ver con la palabra "genio" que vienen usando los medios al menos 3600 veces por hora desde el momento en que murió.
Fue un innovador y un gran propulsor de nuevas ideas, nadie lo niega, pero mirándolo desde lo humano, tomó el camino equivocado. No, no estoy tomado, espere que me explico.
El Sr. Jobs, abandonó sus estudios para dedicarse a un sueño, un sueño que prosperó y generó millones. Tantos que hasta contaba con dinero para pagar a escritores profesionales para que le escribieran sus discursos donde además de motivar a la gente a no dejarse vencer y luchar contra las enfermedades, los incentivaba a seguir sus sueños. Bravo Jobs, miles de jóvenes dejaron sus estudios por seguir su consejo. Antes también lo hacían, pero no estaban tan estimulados por seguir su enseñanza y su imagen de éxito millonario. Usted se autoconvirtió en un Gurú tecnológico y todo poder implica una responsabilidad como decía el tío del Hombre Araña. La realidad indica que tal vez uno de cada cien mil personas que siguen su sueño abandonando los estudios llegan a ser "existosos" como el Sr. Jobs. O tal vez ninguno. Pero ese mensaje redentor es el núcleo del "Sueño Americano" donde cualquiera puede tener un golpe de suerte y volverse millonario desde su garage como en una lotería social donde, en realidad, la mayoría pierde y no cuenta ni siquiera con un sistema de salud como el que el Sr. Jobs pudo pagarse.
Esa imagen mágica del éxito sin esfuerzo ha cruzado mares y cordilleras para afincarse en las mentes de las nuevas generaciones que aún cuando cumplen con algún estudio universitario completo, sólo piensan en la forma de hacerlo lucrativo para comprarse más espejos de colores que los muestren como seres exitosos y populares para los demás. 
La superficialidad norteamericana exportada al resto del mundo.
Esa es la misma sociedad que fomenta el individualismo y el "que carajos me importan los demás", y que salió a llorar por las calles o en cuanto medio periodístico pudiera infiltrarse, la muerte de quién les brindaba el éxtasis de la compra de juguetes para adultos, que brindan esa satisfacción de realización inmediata , que aunque dure tan solo 48 horas resulta mejor que sentirse un "looser" para toda la vida.
Los muchachos descargarán los barcos en el puerto o ganan miserias en cualquier otro trabajo, pero con sus tarjetas de crédito podrán llegar hasta una tienda Apple abierta las 24 horas todos los días del año para comprarse un I-Pad que en seis meses el Sr. Jobs desactualizaba sacando una nueva versión con tan solo una lucecita más que en realidad no hace nada.
Que curioso. Yo puedo vivir sin ninguno de los aparatos comercializados por Steve Jobs, su firma Apple y sus derivados. Nada de lo que ha hecho ha resultado tan importante como para resultarme imprescindible. Pero la salud es algo que no se puede comprar ni con todo el oro del mundo.
El Sr. Jobs falleció de una enfermedad terrible que logró llevar adelante o sobrevivir por varios años mediante variados métodos médico-científicos.
Tal vez en sus últimos años pensó que habría sido mucho más inteligente volcar todo su dinero a la investigación de una cura para su enfermedad. O simplemente se entretenía escuchando el Bip del monitor de ritmo cardíaco que se había diseñado con la evolución bien empleada de la tecnología claro que en mejores manos.
En otro lugar del planeta un señor que estudió toda su vida fallecía un poco antes debido a la misma enfermedad. Un señor que prefirió estudiar.
Ralph M.Steinman recibió la licenciatura en ciencias en la Universidad McGill de Montreal, y realizó su doctorado en medicina en 1968 en la Universidad de Harvard. Completó su formación médica como residente interno del Hospital General de Massachusets. Digamos que era un vecino hasta hace poco desconocido por el Sr. Jobs y el resto de la humanidad.
Él fue un inmunólogo canadiense de origen judío e investigador en biología celular de la Universidad de Rockefeller que en 2011 compartió el Premio Nobel en fisiología o medicina, por «su descubrimiento de las células dendríticas y su papel en la inmunidad adaptativa». Curiosamente y debido a la falta de prensa que tienen algunas cosas importantes en una sociedad de consumo, al mismo tiempo que la Universidad Rockefeller anunciaba que había sido galardonado con el Premio Nobel de Medicina anunciaba también su defunción el pasado 30 de septiembre de 2011. Convirtiéndose éste en el segundo fallecido de la historia galardonado con el premio Nobel.
Claro, no era Steve Jobs. No había llegado a las multitudes saturando los medios de comunicación con su imagen y su cuestionable mensaje, ni había sido el impulsor de algunos dibujos animados , teléfonos, tablets, computadoras y demás productos que en realidad nadie necesita.
Tal vez lo que necesitamos es una mejor salud para todos y no una computadora "para todos" que no podremos disfrutar dentro del ataúd.

Pocos días más tarde el 8 de octubre fallece Dennis Ritchie y es posible que ni usted ni los miles de adoradores del Sr. Jobs sepan de quién se trata (yo tampoco lo sabía), bueno, él era el creador del lenguaje de programación C y también colaboró en el diseño y desarrollo de los sistemas operativos Multics y Unix, bases del gratuito Linux. De origen Neoyorkino, Dennis nació un 9 de septiembre de 1941. En 1963 se graduó en Física en Harvard con honores, y más tarde en 1968, obtuvo un doctorado de investigaciones matemáticas.En los Laboratorios Bell comenzó a desarrollar el lenguaje de programación C, apoyado en el lenguaje B de Ken Thompson. Al poco tiempo publicó el libro que alcanzaría la categoría de “clásico” de la computación “El lenguaje de programación C” en el cual colaboró Brian Wilson Kernighan, todos los que alguna vez tiramos código, tenemos un ejemplar de este valioso compendio.
En Alemania conformó un equipo con Ken Thompson -como dato de color, en dicho equipo participó un latinoamericano-, los cuales desarrollaron Unix, sistema operativo que fue la base de Linux y Mac OS X.
Ritchie fue galardonado con la Medalla Nacional de Tecnología de los Estados Unidos de América. Pero claro, si bien diseño algo sin lo que el Sr. Jobs no podría haber avanzado, no fue tan bien tratado por los medios e incluso Clarín le dedicó un apartado de 50 palabras en la antepenúltima página. Adivinen cuantas páginas ocupó Mr. Jobs. Si, exacto, la portada con el apelativo "Genio".
No, el Sr, Jobs era un vendedor de espejitos de colores, con un lamentable mensaje mercantilista resumido en sus frases máximas que les dejo aquí para que disfruten de la superficialidad de quién como todos los innovadores, contaba con un equipo creativo y técnico que hacía las cosas por él, aunque para todos quienes consumían sus productos se convierta en una imagen digna de colgarse en sus crucifijos o llamarse genio.
Como dice mi amiga Marga Griguera con su fino humor, tal vez el Sr. Alva John Fisher haya hecho mucho más por la humanidad que el Sr. Jobs. Pues el Sr. Fisher inventó la lavadora eléctrica tal como la conocemos hoy en día. Fisher, construyó en 1910 una máquina que contenía un tambor, al cual se le echaba agua y jabones. Esa máquina era automática y funcionaba por medio de la electricidad. Así, Fisher conseguía lavar ropa, de una manera muchísimo más práctica, de lo que las personas de la época estaban acostumbradas y liberó para siempre a las mujeres de una de las tareas más pesadas que debían enfrentar.
Alva John Fisher
Dígame si mi amiga no tiene razón.

Taluego.







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